Santiago Dexeus: "Si se puede donar un riñón, también debería poderse prestar un útero"



Entrevista con el ginecólogo y autor de 'Eva en el jardín de la ciencia'

El doctor Santiago Dexeus, en la terraza de su casa, acompañado de su perrita Xunga LLibert Teixidó

El doctor Santiago Dexeus, en la terraza de su casa, acompañado de su perrita Xunga LLibert Teixidó

Después de toda una vida tratando con mujeres, cuidando de su salud y defendiendo sus derechos, el reconocido ginecólogo Santiago Dexeus confiesa que ejercita a fondo su autocontrol cada vez que, en la consulta, después de que una paciente le explique sus problemas, el marido suelta un “¿Qué le parece doctor? ¿No sería mejor que cambiara a esta mujer de 50 por dos de 25?”. Lo relata durante la entrevista y también en Eva en el jardín de la ciencia (Stonberg), el libro que ha escrito junto a la también ginecóloga Lola Ojeda, y que ayer presentaron en la Real Academia de Doctores. Dexeus explica que, como sus libros anteriores, Eva en el jardín de la ciencia es una obra divulgativa, centrada en esta ocasión en los aspectos fisiológicos y sociales que inciden en las distintas etapas de la mujer. Bajo los epígrafes de adolescencia, anticonceptivos, embarazo, menopausia y cáncer, Dexeus y Ojeda (su esposa), abordan desde el maltrato de los padres hasta la violencia de género, el bullying, la anorexia, la mejora de los métodos anticonceptivos o la evolución de la práctica ginecológica desde antaño, cuando la ejercía su padre, combinando la información médica con anécdotas y relatos de ficción basados en casos clínicos significativos, y siempre desde un prisma combativo de denuncia de la discriminación de la mujer.

¿Existen unas etapas biológicas más decisivas que otras en la vida de las mujeres?
La etapa más brillante es la edad fértil si la mujer puede cumplir sus deseos de ser madre, porque cuando eso ocurre significa que físicamente está bien y que social y laboralmente se ve con ánimo de tener un hijo. Otra etapa decisiva es la menopáusica, porque en ella pueden aflorar muchas contradicciones que no siempre se atreven a manifestar. Algunas de estas contradicciones tienen que ver con el sexo, para el que a menudo consideran que ya no tienen ningún valor. Sin embargo, con la ayuda del ginecólogo la mujer puede tener una vida sexual más larga que el hombre porque hay medios para afrontar el envejecimiento de los tejidos. En realidad, en esta cuestión del sexo a edades adultísimas subyace una gran discriminación para las mujeres. Si se les pregunta por qué han dejado de tener relaciones, ellas casi siempre responden que por viudedad o porque su pareja no quiere. En cambio ellos responden que es porque ya no les interesa. Pero socialmente los hombres pueden recurrir a sexo comercial con más frecuencia y facilidad de lo que lo hacen las mujeres.
En el libro asegura que muchas patologías de la mujer no responden a un trastorno orgánico sino a frustraciones que les induce la sociedad. ¿La sociedad nos enferma?
La sociedad es coadyuvante de muchas enfermedades. La patología fundamental es la angustia y se expresa sobre todo con dolores musculares y cervicales. Y hoy se admite como enfermedad grave el TATT –las siglas de tired all the time, o síndrome de siempre cansadas–, que tiene que ver con que la mujer lo absorbe todo, es abnegada y empática, y se encarga del cuidado de los mayores, de los problemas del marido, de los niños y el colegio y de cumplir además con sus horarios laborales.
Otro de los cambios sociales que impactan en la mujer es el retraso de la maternidad.
A partir de los 37-38 años, la mujer pierde capacidad procreativa y tiene que recurrir a técnicas de reproducción asistida. Y eso ocurre porque hasta que no tiene una seguridad económica y laboral no se atreve a quedarse embarazada. Pero cualquier mujer tiene derecho a ser madre, y si por razones físicas no puede, hay que darle opciones como la maternidad subrogada. Y sin que tenga que gastarse un dineral para poder hacerlo en Estados Unidos.
¿Promueve la legalización de los vientres de alquiler?
Claro. Si se puede donar un riñón también debería poderse prestar un útero, siempre que no sea por razones económicas. La experiencia estadounidense ha sido muy gratificadora y muchas españolas podrían beneficiarse. Mariano Rajoy –a cuya mujer asistí en los partos– lo entendió así y dio su beneplácito a la iniciativa. Aunque luego el aparato burocrático del PP la ha dejado en suspenso, estoy convencido de que al final saldrá adelante.
¿No se corre el riesgo de mercantilizar la maternidad?
Sí, pero podemos controlarlo. En Estados Unidos hay muchos filtros legales. No se admite una madre de alquiler cuyos ingresos no sean iguales o superiores a los de la que pide la subrogación. La legislación es muy estricta.
A pesar de que viven en la sociedad de la información y de la libertad sexual, usted constata que a los adolescentes les falta información y que persisten muchos tabúes sexuales. ¿Qué falla?
Fallan maestros y familia. En Andalucía se aplicó un programa de formación sexual en las escuelas y el porcentaje de madres adolescentes cayó en picado. Son los educadores quienes pueden ayudar, porque los padres, que ven al adolescente como algo frágil que deben proteger de manera absurda, no están preparados para la educación sexual de sus hijos, y los hijos normalmente no quieren explicar su vida íntima a los padres.
Usted ha sido siempre un gran defensor y divulgador de los anticonceptivos. ¿Por qué no se avanza en el terreno de los métodos anticonceptivos masculinos?
Hay dos grandes condicionantes. De entrada, cualquier método anticonceptivo para el hombre que pueda afectar a la erección sería automáticamente rechazado, y aunque se han probado métodos para debilitar el semen, fundamentalmente en su trayecto por el cuerpo de la mujer, no ofrecían una seguridad total y se han abandonado. Por otra parte, la investigación no es ajena al machismo. El idioma del mundo occidental, de nuestra sociedad, es profundamente machista; es machista la forma en que nos expresamos, en que actuamos y estamos en el mundo.
En su recorrido por las etapas biológicas de la mujer usted también habla del cáncer. ¿Qué claves han de tener claras las mujeres en este ámbito?
Lo más importante es saber que las revisiones ginecológicas no deben abandonarse a ninguna edad. La mujer tiene que mantener las visitas periódicas a su ginecólogo hasta que se muera. El cáncer de mama, por ejemplo, sigue teniendo una incidencia significativa a partir de los 75 años. De hecho, las mamografías descubren lesiones sospechosas en aproximadamente un 13% de las mujeres mayores de 75 años, y de ellas un 6% resultan malignas. Y el cáncer de vulva afecta fundamentalmente a mujeres mayores, de modo que a partir de cierta edad no hace falta hacer citologías anuales pero sí una revisión minuciosa de la vulva.

LA VANGUARDIA

Sanidad | 08/05/2015 - 07:00h | Última actualización: 08/05/2015 - 07:12h

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